Festival
de dantzas
El
hundido y empedrado óvalo de la plaza de los Fueros, aislado de la ciudad
por un talud de césped siempre verde y una encrucijada de vías rápidas,
es el escenario del festival folklórico que se celebra a la una de la
tarde del día 6, recién desintegrado el chupinazo y con la fiesta
desparramada por toda la ciudad. Allí, pamploneses y forasteros vibran
viendo bailar un aurresku, una jota de Ochagavía, un peloteado de
la Ribera, una dantza de Zuberoa, una mutildantza o el
multitudinario "Baile de la Era", momento en el que muchos
espectadores pasan a actores y se incorporan a las filas de bailarines que
han intervenido a lo largo de la mañana con sus trajes de vivos colores,
sus cintas airosas y sus agudos cascabeles.
Este acto viene a ser un
encuentro de todos con las raíces folklóricas de Navarra. Por ello, es
un espacio de contenida emoción que cuenta con cierto orden, en contraste
con el desorden festivo que acaba de explotar.