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Los Sanfermines: ya falta menos |
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Ya falta menos
Y en cuanto llegue el nuevo año, cuadrillas de amigos celebrarán, con la canción, la cuenta atrás de la Fiesta de Pamplona: "Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril, cinco de mayo, seis de junio, siete de julio... ¡San Fermín!". Son buenas ocasiones y mejores excusas para reunirse en la añoranza, mejor aún, en la esperanza a plazo fijo de que "ya falta menos para el glorioso San Fermín". Pero en las horas finales de las fiestas, que se saborean segundo a segundo con una avaricia comprensible, las voces cantan, con la alegría del que ha vivido a tope la fiesta, el "¡pobre de mí, pobre de mí, que se han 'acabau' las fiestas de San Fermín!". Y las piernas se encogen para saltar con más fuerza en un fin de fiesta que nunca se acaba. Entonces una simple cerilla sirve para sembrar la calle de inquietas luminarias que siguen el primitivo ritmo del bombo. ¡Qué tristeza tan alegre la del "pobre de mí"! Los cuerpos -ésa es la realidad- ya no pueden más, pero nadie se rinde y todos participan, se entregan a unos Sanfermines que se nos mueren. Pero la fiesta no ha terminado. Se ha clavado en el interior de cada uno y allí esperará, con impaciencia, la fugaz carrera del primer cohete. Y a la mañana siguiente, por las calles desiertas, todavía se ve algún nostálgico que se resiste a la evidencia.
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