Los
Gigantes
Casi
tan emblemáticos como los encierros -aunque para muchos, sobre todo los
forasteros, sigan siendo los grandes desconocidos de las fiestas- son los
Gigantes de Pamplona. Camino ya del siglo y medio de existencia, los
actuales Gigantes son los sucesores de otros que engrandecieron los más
destacados fastos de la ciudad durante cientos de años.
Los Gigantes -la Comparsa de
Gigantes y Cabezudos, de Kilikis y Zaldikos- marcan la
vivencia sanferminera de los pamploneses desde su infancia. Sin ellos, los
Sanfermines perderían una parte esencial de su impronta.
Puede creerse que sólo son
un divertimento para niños, pero quien así lo entendiera nunca llegaría
a entrar en el alma de la fiesta y del pueblo que la vive.
El
niño, cuando se convierte en adolescente y joven, puede llegar a
olvidarse de la Comparsa. Pero cuando, al paso de los años, va alcanzando
la madurez, vuelve a ella, quizá
motivado por la nostalgia de la infancia. Gigantes y Cabezudos, Kilikis y
Zaldikos, están, por derecho propio, en la esencia de la fiesta, en su
intimidad más profunda. Y cuando el calendario marca el final inexorable
de los Sanfermines de un año, la
despedida más difícil y real no es la que comienza con la retirada de
los vallados del encierro y concluye con las velas -pantomima burlesca y
surrealista- del "Pobre de mí", sino la del adiós a los Gigantes,
en el mediodía-tarde del día 14 en los andenes de la vetusta estación
de autobuses.